...
La gracia de escribir algo que nadie va a leer es que en realidad no importa demasiado, se puede exagerar cuanto se considere necesario, no es problema el que dirán, quedaría solucionar un temita de conciencia, pero de ahí en adelante… super.
Fue así que Emilia decidió comprar el cuaderno rojo y empezar a escribir. De esa forma le sería mucho más fácil mantener frescos los recuerdos una vez que regresara… porque iba a regresar, ¿cierto?… bueno, eso no importaba. Guardó el cuaderno rojo espléndido en su bolso. Ese sería el inicio de un gran día, pensó. Menos mal que al pensar para nadie, al igual que al escribir para nadie, se puede exagerar. Emilia podría quitarse una preocupación en ese sentido. No sería necesaria la autocensura. Podría ser todo lo cursi que tuviera ganas, ella que solía ser tan ácida. Incluso podría actuar cursi, el cuaderno la protegía, la escudaba. Ahora ella escribía, era una de esas personas bohemias con gran vida interior. Tenía un cuaderno rojo. Solo se sentaría a escribir en cada lugar donde llegara la inspiración. No tendría que dar explicaciones, solo cumplir con su deseo, pretty cool, uh?
Caminaba pensando la maravillosa decisión que había tomado. Después de todo siempre había querido escribir. Lo bueno es que todo lo que ella volcara en estas páginas, (le gustaba esa expresión) tendría el destino que ella eligiera.
Ella era dueña de decidir a quien participaba en esto, a quien permitía ingresar a su maravilloso mundo… mmmm ¿maravilloso mundo? Tal vez un poco de autocensura no esté tan mal, Emilia…

0 Comments:
Post a Comment
<< Home