Sunday, February 25, 2007

La mesa está servida.


En una época ir a la feria de Tristán dejó de gustarme. A mi padre sí, entonces a mi no. Me molestaba, me deprimía y no le encontraba ningun sentido. Ya no me divertían los pollitos de peluche que me compraba, meternos en las librerías de viejos me parecía un embole.
Será la edad, que caminar por ahí me lo recuerda un poco, que ahora me divierte jugar a ser medio uruguaya medio turista. Hace un tiempo pensar en ir a la feria se convirtió en un buen plan de domingo de invierno.
PD: Si alguien sabe donde se venden los pollitos de peluche, me avisa?

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